Un actor protagonista de una saga de superhéroes publica en Instagram los beneficios de una dieta que “transformó su vida”. Un conductor de televisión recomienda un suplemento que “los científicos están descubriendo”. O… un ganador de un premio Nobel en economía, asegura que la mejor mantenerse en forma es tomando baños de agua helada todos los días. ¿Deberías creerles? Depende. Y entender de qué depende es exactamente el punto. Y es que todas estas personas definitivamente son expertas, pero ¿ser experto en una cosa te hace experto en todas las cosas?
¿Qué es la apelación a la autoridad?
La apelación a la autoridad (en latín, argumentum ad verecundiam) es una falacia que ocurre cuando se usa el prestigio, la fama o la posición de una persona como prueba de que su afirmación es correcta, sin importar si esa persona tiene conocimiento real en el área específica del tema.
Es importante señalar que no toda referencia a una autoridad es una falacia. La clave está en si la autoridad citada es genuinamente experta en el tema en cuestión y si existe consenso en esa área de conocimiento.
La diferencia entre autoridad legítima y apelación falaz
Citar a un cardiólogo sobre enfermedades del corazón es legítimo. Citar al mismo cardiólogo sobre economía internacional ya no lo es: su experiencia no se transfiere automáticamente a otro campo. Citar a un actor sobre nutrición clínica es claramente una apelación falaz, sin importar cuántos seguidores tenga.
Las señales de que estás frente a una apelación falaz a la autoridad:
- La “autoridad” es famosa, pero no experta en el tema específico.
- Se cita a un experto o experta real, pero de un campo diferente al que se está discutiendo.
- Se cita a un experto o experta real cuya posición contradice el consenso de su propia comunidad científica.
- La autoridad tiene un conflicto de interés que no se menciona (como que está siendo pagada por la empresa cuyo producto recomienda).
¿Por qué funciona tan bien la falacia de apelación a la autoridad?
Vivimos en un mundo de información tan vasto y especializado que es imposible ser experto en todo. Necesitamos confiar en otros para navegar temas que no dominamos. Eso es racional. El problema es que el cerebro toma atajos: si alguien tiene credenciales, es famoso o habla con seguridad, tendemos a darle crédito incluso cuando no tiene por qué tenerlo en ese contexto específico.
La publicidad lo sabe perfectamente. Por eso paga millones a deportistas para recomendar productos financieros, a actores para hablar de salud y a músicos para opinar sobre tecnología. Lo que se vende es el carisma y la confianza, no el conocimiento.
Apelación a la autoridad en salud y pseudociencia
Este es el territorio donde la falacia hace más daño. En redes sociales circula constantemente contenido de salud firmado por personas que se presentan como “doctores” o “especialistas” pero cuyas credenciales no son verificables o no son relevantes para el tema.
Un médico general no es necesariamente una autoridad en oncología. Un nutriólogo no es necesariamente una autoridad en farmacología. Y un “coach de bienestar” sin título médico definitivamente no es una autoridad en nada. OK, seamos un poco justos, un “coach de bienestar” (una disciplina sin regulación en la cual te puedes certificar en… seis meses) no es una autoridad en ningún tratamiento clínico. Sin importar cuántos testimonios muestre o cuántos seguidores tenga en redes.
Consenso científico vs. experto aislado
Otro uso falaz de la apelación a la autoridad es citar a un científico o experto cuya opinión contradice el consenso de su campo, presentándolo como si ese desacuerdo individual fuera suficiente para refutar el consenso. “Hay un médico que dice que las vacunas son peligrosas” no es lo mismo a asegurar que “la medicina no sabe si las vacunas son seguras”. Importa más el consenso que la excepción. Este mismo ejemplo sobre las vacunas aplica en otras supuestas controversias (que en realidad no tienen nada de controversial) como el cambio climático.
Cómo evaluar una autoridad legítima
Antes de dejarte convencer por una figura de autoridad, pregúntate:
- ¿Tiene formación específica en este tema, o más bien es experta en otro campo?
- ¿Su posición es compartida por la mayoría de los especialistas en el área?
- ¿Tiene algún conflicto de interés que no se está declarando?
- ¿Puedo verificar sus credenciales de forma independiente?
Escuchar a los expertos correctos sigue siendo una de las mejores estrategias de pensamiento crítico. La falacia de apelación a la autoridad no es un argumento en contra de los expertos: es un recordatorio de que la experiencia es específica, verificable y no transferible por fama.