Pocas preguntas capturan la imaginación humana tan profundamente como ésta: ¿estamos solos en el universo? Y si no lo estamos, ¿ya nos visitaron? Y si ya nos visitaron, ¿por qué lo han hecho con tanto secreto? Desde los Relatos verídicos de Luciano de Samósata en el siglo II, en donde encontramos la primera mención documentada de seres extraterrestres, hasta los videos de fenómenos aéreos no identificados (UAP, por sus siglas en inglés) publicados recientemente por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, la idea de que seres de otro planeta han estado —o están— entre nosotros es una de las ideas más extendidas del mundo moderno.
Según encuestas recientes, más de la mitad de los estadounidenses creen que los extraterrestres han visitado este planeta, y en América Latina el escepticismo no es mucho mayor. Programas como Ancient Aliens (History Channel) y otros pseudo documentales que pregonan visitas “misteriosas” (además de décadas de excelentes piezas de ficción como Encuentros cercanos del tercer tipo, Señales, o La llegada) han construido un imaginario muy poderoso alrededor de la idea del visitante del espacio.
Pero, ¿qué dice realmente la evidencia?
Lo que dice la evidencia real
“El universo es un lugar enorme. Si solo existimos nosotros, parece un terrible desperdicio de espacio”, Carl Sagan
La ciencia no descarta en absoluto la existencia de vida extraterrestre. De hecho, la mayoría de los astrónomos consideran que sería estadísticamente extraordinario que la Tierra fuera el único lugar con vida en un universo con más de dos mil millones de galaxias, cada una con cientos de miles de millones de estrellas. Por supuesto, para hacernos la pregunta correcta, primero tendríamos que definir exactamente qué es vida.
Como muchas cosas en la ciencia, algo que podría parecer sencillo, tiene, en realidad, tantos matices que el debate sobre qué exactamente significa “la vida”, sigue siendo debatida. De cualquier forma, aquí nos estamos ocupando de un tipo de vida muy específica. Una que no sólo es inteligente (otro término difícil de precisas), sino que lleva desarrollándose el suficiente tiempo para desarrollar tecnología capaz de permitirles escapar de su propio planeta. La ecuación de Drake, formulada en 1961, intentó estimar cuántas civilizaciones tecnológicas podrían existir solo en la Vía Láctea, y aunque los valores son inciertos, el ejercicio muestra que la probabilidad no es cero.
En 2015, la NASA confirmó la existencia de agua líquida en Marte. Y, como sabemos, el agua es una de las piezas fundamentales para la vida como la conocemos. (Antes de que pregunten, ¿por qué sólo buscamos vida “como la conocemos”? Pues por qué dime tú, querido lector curioso, ¿cómo exactamente podríamos buscar algo que no conocemos?). En 2020, científicos anunciaron —aunque luego fue muy debatido— la posible detección de fosfina en la atmósfera de Venus, un compuesto asociado a procesos biológicos. Los llamados “mundos océano”, como Europa (luna de Júpiter) o Encélado (luna de Saturno), tienen agua líquida bajo su superficie y son candidatos serios para albergar microbios.
Entonces: la vida en el universo es plausible. Pero eso no es lo mismo a decir que nos han visitado.

Los avistamientos y el problema de la evidencia
Hay miles de reportes de avistamientos de OVNIs documentados a lo largo de la historia. La gran mayoría tiene explicaciones mundanas: drones, globos meteorológicos, fenómenos atmosféricos, satélites, efectos ópticos, errores de percepción o simplemente engaños fabricados por humanos creativos.
No obstante, es cierto que un porcentaje pequeño de estos avistamientos permanece sin explicar. Pero “sin explicar” no es equivalente a “extraterrestre”. Que no sepamos qué es, no significa que podría ser cualquier cosa (como puedes leer en este artículo sobre la falacia lógica apelación a la ignorancia). Y ya que estamos en eso “sin explicar” tampoco significa que no tenga o no pueda tener explicación. Significa sólo eso: que aún está sin explicar.
Los videos de UAP publicados por el gobierno de Estados Unidos recientemente generaron enorme atención mediática. Sin embargo, expertos en óptica y física han señalado que varios de los efectos “inexplicables” (como objetos que parecen moverse a velocidades imposibles o girar abruptamente) pueden atribuirse a artefactos de la cámara, errores de paralaje o limitaciones del software de seguimiento. El hecho de que el gobierno los haya tomado en serio como asunto de seguridad nacional no implica que sean naves alienígenas; implica que hay objetos en el espacio aéreo cuyo origen no se ha determinado.
La pregunta para ti, entonces es: ¿Qué te parece más razonable: que se trate de un error en percepción o un artefacto de la cámara, o que una civilización extraterrestre de la cual no tenemos ninguna evidencia haya viajado varios años luz para sólo flotar en nuestra atmósfera unos cuantos segundos y de inmediato irse sin rastro?
El silencio del universo
La paradoja de Fermi plantea la pregunta de otra manera: si hay tantas civilizaciones posibles, “¿Dónde están todos?“, ¿por qué no los hemos detectado? Desde 1960, el proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) escanea el universo buscando señales de radio artificiales. Hasta hoy, nada concluyente. Eso no prueba que no existan, pero sí hace más difícil sostener que ya nos visitan regularmente.
Sobre los “astronautas antiguos”
La hipótesis de que civilizaciones antiguas fueron ayudadas o visitadas por extraterrestres —popularizada por Erich von Däniken y el programa Ancient Aliens— tiene un problema de fondo: subestima profundamente la capacidad humana. Las pirámides de Egipto, las líneas de Nazca o Stonehenge son obras extraordinarias, pero tenemos evidencia arqueológica detallada de cómo fueron construidas: con herramientas de la época, organización social compleja y mucho trabajo humano (y sí, en muchos casos, ese “trabajo humano” es un eufemismo para “un montón de esclavos”). Atribuirlas a extraterrestres es, en el fondo, una forma de no creer que nuestros propios ancestros pudieron hacerlo.
De paso, esta creencia también se alía de otra famosa falacia lógica: el argumento desde la incredulidad personal. Básicamente, el argumento es: “yo no me puedo imaginar cómo se hizo tal cosa, entonces tal cosa no es posible o (en este caso) fue hecha por extraterrestres”. Amigx, temo decirte que eso dice más de tu propia creatividad (y conocimientos de ingeniería y física), que de las habilidades de otras personas para realizar hazañas increíbles.

Ejercicio mental: imaginemos que sí, ¿qué tendría que suceder para que esto fuera cierto?
Imaginemos que una civilización extraterrestre sí nos ha visitado. Para que eso fuera posible, tendría que haber resuelto el problema más grande de la física interstelar: las distancias. La estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri, está a 4.2 años luz de nosotros. Próxima Centauri tiene en su órbita a un planeta llamado simplemente Próxima Centauri b, que podría (siendo muy generosos con las definiciones y mediciones) tener las condiciones adecuadas para sostener vida. No tenemos ninguna razón para creer que la haya, y mucho menos vida inteligente, pero digamos que sí. Viajando a la velocidad de la luz —algo que ningún objeto con masa puede hacer— el viaje tomaría más de cuatro años. Estoy tomando a Próxima Centauri como ejemplo, porque es el lugar más cercano posible: las galaxias más cercanas están a millones de años luz.
Entonces, para que una nave tripulada viajara esas distancias, esta civilización tendría que haber dominado tecnologías que hoy son puramente teóricas: motores de curvatura que doblen el espacio-tiempo (como en Star Trek), viajes a través de agujeros de gusano, o formas de hibernación o transmisión de información biológica que no tienen equivalente conocido. Arthur C. Clarke nos dijo que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Okay, pero ¿ya viste cuántas concesiones estamos haciendo a la lógica? ¡Y aún no terminamos!
Continuemos entonces y digamos que ya lograron todo lo anterior y llegaron a nuestro sistema solar. Digamos también que, por alguna razón indescifrable quieren permanecer en secreto. Ahora su misión es lograr que miles de personas —militares, científicos, periodistas, ingenieros y entusiastas amateurs con telescopios caseros— guarden silencio de manera coordinada durante décadas. La historia muestra que los secretos de esa escala son extremadamente difíciles de mantener. ¿Alguna vez has intentado que tu grupo de amigxs le guarde un secreto a alguien más? Ahora multiplica eso por miles de personas y acuérdate que cada una de esas personas se volvería una celebridad instantánea al ser quien “descubrió” la vida extraterrestre. ¿No crees que alguno de ellos se sentiría muy motivado a “romper el silencio”? Ésta es la razón de que la mayoría de las teorías de conspiración masivas son, desde la primera instancia, terriblemente improbables.
Pero, está bien, sigamos explorando. Digamos que esta civilización extremadamente avanzada (que, por cierto, de alguna forma se las arregló para que sus señales electrónicas –equivalentes a nuestras televisiones y radios– no fueran detectadas por los aparatos de SETI y otros institutos públicos y privados) se las arregló para desarrollar naves capaces de viajar extremadamente rápido y sostener vida durante largos periodos de tiempo. Digamos que sí. En ese caso, tenemos el problema de que una vez que entran a nuestro sistema solar sería extremadamente fácil detectarlos.
Pero okay, tampoco los detectamos por… pues porque de otra forma se derrumba nuestro ejercicio de pensamiento. Entonces, una vez que lograron todas esas cosas y hazañas… ¿llegaron a la Tierra, dieron un vistazo de unos cuantos segundos, aprendieron algún idioma humano y convencieron a muchos de que no dijeran nada y… luego desaparecieron sin rastro? Quizá por eso solo se aparecen en zonas rurales, de noche, ante una sola persona. Pero, ¿por qué se escondería de nosotros una civilización muy claramente superior y capaz de cruzar el espacio interestelar?
De nuevo la pregunta: ¿qué te parece más razonable?
Citamos mucho esta frase de Richard Feynman por acá y siempre será pertinente hacerlo: hay que mantener la mente abierta, pero no tan abierta que se te caiga el cerebro.
