“Así se ha criado a los hijos desde siempre”. “Esta receta lleva siglos pasándose en la familia, algo bueno tendrá”. “Los matrimonios siempre han sido entre un hombre y una mujer, ¿por qué cambiar?” “Nuestros ancestros vivían así y eran más sanos”. Cuando la antigüedad o la tradición de algo se usa como argumento para defender su validez, nos encontramos ante la falacia del ad antiquitatem.
¿Qué es la falacia de la apelación a la tradición o ad antiquitatem?
El ad antiquitatem —también llamado “apelación a la tradición”— es una falacia lógica que sostiene que algo es correcto, bueno o válido simplemente porque es antiguo, porque siempre se ha hecho así, o porque forma parte de la tradición. La antigüedad o continuidad de una práctica se convierte, sin más argumento, en su justificación.
Como todas las falacias, no es un error en la información sino en la lógica. El argumento puede referirse a cosas completamente reales —sí es cierto que algo se ha hecho durante siglos— pero eso no prueba que deba seguir haciéndose ni que sea bueno. Como hemos dicho antes, las conclusiones pueden estar correctas, pero no necesariamente.
El problema de fondo
La antigüedad de una práctica dice algo sobre su persistencia, pero no sobre su corrección o su conveniencia. Muchas prácticas que se mantuvieron durante siglos o milenios resultaron ser dañinas, injustas o simplemente ineficientes cuando se las examinó con evidencia:
- La flebotomía (sangrar a los enfermos) fue durante siglos el tratamiento estándar para casi cualquier enfermedad. Era “la tradición”. También es ineficaz y frecuentemente mortal.
- El trabajo infantil fue práctica común y aceptada durante milenios. Su antigüedad no lo hace justo.
- Las restricciones al voto de las mujeres existieron en casi todas las sociedades durante toda la historia documentada. La tradición no las hacía correctas.
Cuándo la tradición sí importa
El ad antiquitatem no es un argumento en contra de valorar la tradición. Las tradiciones culturales tienen valor: construyen identidad, transmiten conocimiento generacional, crean cohesión social. Una receta familiar, una celebración de Día de Muertos, una forma de construir casas adaptada al clima local: la tradición puede ser una fuente legítima de sabiduría acumulada.
El problema es cuando la tradición se usa como sustituto del argumento, no como complemento. “Lo hacemos así porque siempre se ha hecho así” cierra la conversación. “Lo hacemos así porque hemos encontrado que funciona bien, y aquí está por qué” la abre.
La diferencia está en si se puede articular una razón independiente de la antigüedad. Si la única razón para hacer algo es que siempre se ha hecho, el ad antiquitatem está en juego.
Ad antiquitatem en salud y alimentación
Esta falacia es especialmente frecuente en discursos sobre salud y alimentación. “Los humanos siempre comimos carne, es lo natural”. “Las medicinas tradicionales llevan siglos usándose, por algo será”. “Las dietas modernas son un invento reciente, la alimentación ancestral era mejor”.
Cada uno de estos argumentos puede contener observaciones verdaderas —definitivamente es cierto que los humanos hemos consumido carne desde hace mucho—, pero la antigüedad de la práctica no prueba que sea óptima, saludable o insustituible. Los humanos también han sufrido de hambrunas, enfermedades infecciosas y esperanzas de vida mucho más cortas “ancestralmente.”
Sobre la medicina tradicional, puedes consultar el artículo sobre la falacia de apelación a la naturaleza: si una planta medicinal funciona, funciona por sus compuestos activos, no por su antigüedad. Y si no tiene evidencia de eficacia, el hecho de que se haya usado durante siglos no la valida.
Ad antiquitatem en el debate social
En debates sobre derechos, roles de género, estructuras familiares o normas sociales, el ad antiquitatem aparece constantemente como argumento conservador: “Así siempre ha sido”. La respuesta crítica no es que la tradición no tenga valor, sino que su antigüedad no es, por sí sola, un argumento moral.
Las sociedades cambian porque aprenden, porque las circunstancias cambian y porque revisan sus normas a la luz de nuevos valores y evidencias. Si la antigüedad fuera argumento suficiente, nada podría cambiar nunca.
La pregunta que desarma al ad antiquitatem
Cada vez que alguien justifique algo únicamente con su antigüedad o tradición, hay una pregunta que devuelve la conversación al terreno lógico: “¿Qué razones, además de que siempre se ha hecho así, tenemos para seguir haciéndolo?”
Si hay buenas razones, la tradición es un complemento bienvenido. Si no las hay, el ad antiquitatem ha estado haciendo todo el trabajo solo, y eso no es suficiente.