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¿Qué es la falacia lógica ‘ad hominem’? Significado y ejemplos

Estás en una discusión sobre cambio climático. Citas datos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. La otra persona responde: “¿Y tú quién eres para hablar de eso? Ni siquiera terminaste la universidad”. Fin del debate sobre el clima. Ahora estás defendiendo tu currículum.

Acabas de ser víctima de una falacia ad hominem.

¿Qué significa ad hominem?

Ad hominem es una expresión en latín que significa “hacia la persona“. Es una falacia lógica que ocurre cuando, en lugar de responder a los argumentos de alguien, se ataca a esa persona: su carácter, su historia, sus motivaciones o cualquier rasgo personal.

La trampa es que el ataque puede ser totalmente relevante en otros contextos. Claro que la credibilidad importa. Pero incluso si la persona que habla tiene antecedentes cuestionables, eso no convierte automáticamente su argumento en incorrecto. Un ladrón puede decirte que uses bloqueador solar cuando salgas… y tiene razón. El hecho de ser ladrón no convierte todo lo que dice en una mentira.

Tipos de ad hominem

No todos los ataques personales son iguales. Hay varias formas de esta falacia:

Ad hominem directo: atacar el carácter de la persona. “No le creas, es un hipócrita” o “ese periodista es un vendido”. Aunque estas acusaciones podrían ser ciertas, no son respuestas al argumento de esas personas.

Ad hominem circunstancial: sugerir que la persona solo defiende esa postura por sus circunstancias o intereses. “Claro que defiendes esa política, eres rico”. Eso puede ser cierto, pero ese hecho no hace a la postura correcta o incorrecta. Las motivaciones detrás de una opinión importan para matizar y entender el contexto, pero no automáticamente invalidan un argumento. El pensamiento motivado es una bandera roja a la que hay que poner atención para contextualizar e identificar sesgos, pero no es, por sí mismo, un argumento a favor o en contra de una declaración.

Tu quoque (“tú también”): señalar que la persona contradice su propio argumento con sus acciones. “¿Cómo vas a hablar de ecología si usas auto?” Que alguien sea inconsistente no significa que esté equivocado sobre el fondo del asunto. Un fumador te puede decir que no fumeas porque está comprobado que es muy malo para la salud. El hecho de que él mismo esté fumando, no invalida el hecho de que lo que está diciendo es cierto.

Ad hominem en medios y política

El ad hominem es especialmente frecuente en política y en redes sociales porque es eficaz para las audiencias que ya tienen una postura. Es más fácil desacreditar a una persona que refutar sus datos.

El debate político latinoamericano está lleno de ejemplos. En lugar de discutir las propuestas económicas de un candidato, se debate su vida personal, su pasado o sus vínculos familiares. El resultado es que el debate de ideas desaparece y queda solo el espectáculo.

En el cine, 12 Angry Men (12 hombres en pugna, 1957) es un clásico sobre cómo los sesgos y los ataques personales distorsionan el juicio racional. Varios de los jurados intentan descalificar las dudas planteadas atacando a quien las plantea, no los argumentos en sí. Es una lección de lógica disfrazada de drama judicial.

¿Cuándo sí importa quién habla?

Reconocer el ad hominem no significa ignorar completamente la fuente. Como dijimos antes, la credibilidad, los conflictos de interés y el pensamiento motivado son relevantes para evaluar qué tanto peso darle a una opinión, especialmente cuando no tenemos manera de verificar la información por nuestra cuenta.

La diferencia clave es ésta: si alguien tiene conflicto de interés, eso es una razón para verificar con más cuidado su información, no para descartarla sin escucharla.

Cómo responder al ad hominem

Cuando alguien te ataca en lugar de responder tu argumento, tienes dos opciones:

  1. Señalarlo con calma. “Entiendo tu punto sobre mí, pero no has respondido al argumento. ¿Qué opinas de los datos que cité?”
  2. No morder el anzuelo. Si el debate se convierte en un intercambio de insultos, la discusión sobre el tema real ya se perdió.

La próxima vez que veas un debate y alguien cambie el tema hacia la persona, recuerda: el ad hominem no prueba nada sobre la verdad o falsedad de un argumento. Solo prueba que alguien prefirió no responderlo.

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