“No puedes demostrar que los fantasmas no existen, entonces es posible que existan”. “Nadie ha podido probar que esta terapia no funciona, así que funciona”. “La ciencia no ha explicado todo, entonces ¡todo es posible!”. Si alguna vez te has topado con argumentos como estos, conociste el argumento ad ignorantiam: la apelación a la ignorancia.
¿Qué es el argumento ad ignorantiam?
El argumento ad ignorantiam —”argumento desde la ignorancia”— es una falacia que sostiene que algo es verdadero porque no se ha demostrado que sea falso. O viceversa, que algo es falso porque no se ha demostrado que sea verdadero. La ausencia de evidencia se convierte, de manera ilegítima, en evidencia de presencia o ausencia.
La lógica correcta en investigación científica y razonamiento riguroso es la contraria: la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia, pero tampoco es evidencia de presencia. Simplemente es ausencia de evidencia, lo que significa que no sabemos todavía.
El problema de la carga de la prueba
En cualquier debate, la carga de la prueba corresponde a quien hace la afirmación positiva. Si alguien afirma que un producto cura el cáncer, le corresponde a esa persona demostrarlo, no a los demás demostrar que no lo cura. Si alguien afirma que hay una civilización secreta en el centro de la Tierra, a esa persona le corresponde presentar evidencia, no a los escépticos probar que no existe. La carga de la prueba (es decir, el peso o la responsabilidad de tener que probar lo que está diciendo) le corresponde a la persona o personas que están afirmando algo.
El ad ignorantiam invierte esta lógica y traslada la carga de la prueba al escéptico: “Prueba que estoy equivocado”. Pero demostrar la no-existencia de algo es, en la mayoría de los casos, lógicamente imposible. ¿Cómo probarías que no existe un dragón invisible e indetectable flotando sobre tu cabeza en este momento?
El filósofo Bertrand Russell ilustró esto con su famosa “tetera cósmica”: imaginemos una tetera de porcelana orbitando el Sol en una trayectoria que ningún telescopio puede detectar. Nadie puede probar que no existe, pero eso no significa que debamos creer que está ahí. El concepto del Monstruo de Espagueti Volador toma el mismo principio para hacer su sátira sobre la religión.
Ejemplos en la vida cotidiana y los medios
- “La medicina convencional no ha curado mi enfermedad. Nadie puede probar que esta terapia alternativa no funciona”. La ausencia de una cura convencional no valida en absoluto la terapia alternativa.
- “Los científicos no han explicado completamente la conciencia humana, entonces el alma existe”. Un misterio sin resolver no es evidencia de ninguna explicación específica.
- “Ese funcionario nunca fue declarado culpable, así que es inocente”. La ausencia de condena legal no es prueba de inocencia moral o factual, especialmente en sistemas judiciales imperfectos.
- “No hay ningún estudio que pruebe que este suplemento es dañino”. La ausencia de estudios puede deberse a que nadie los ha financiado, no a que el suplemento sea seguro. Y, por supuesto, que no sea dañino, tampoco demuestra que tengo algún beneficio.
Ad ignorantiam y pseudociencia
Esta falacia es el refugio favorito de muchas pseudociencias. Cuando se les pide evidencia de que su método funciona, responden que tampoco se ha demostrado que no funcione. Pero eso no es simetría: es una inversión ilegítima de la carga de la prueba.
La homeopatía, la cristaloterapia, la terapia de vidas pasadas y muchas otras prácticas usan este argumento de manera regular. Y tiene un atractivo emocional poderoso, especialmente cuando alguien está desesperado y la medicina convencional no ha tenido respuestas claras. Es aquí donde, como personas sensibles y empáticas, nos conviene entender los procesos (personales, culturales, económicos y otros) que llevan a las personas a creer en productos milagro y “medicinas alternativas”.
La desesperación y la falta de respuestas son caminos muy lógicos para abirle las puertas a las creencias mágicas. Especialmente para aquellas personas que no han sido expuestas a este tipo de pensamiento crítico, errores de pensamiento y están, más bien, desesperadas por respuestas. Esta es una lección importante: el éxito de las pseudo ciencias y de la llamada “medicina alternativa” no es culpa del consumidor. Es, siempre, responsabilidad de aquellos que han dedicado su vida a promocionar y vender productos que no tienen evidencia científica con promesas vacías. Tenemos todo un artículo sobre por qué funcionan las pseuo ciencias y los productos milagro en otra parte de este sitio.
La diferencia con la humildad intelectual
Hay que tener cuidado de no confundir el ad ignorantiam con la honesta incertidumbre científica. Un científico que dice “no sabemos todavía” está siendo preciso. La diferencia es que el científico no concluye de ese “no sabemos” que cualquier explicación es igualmente válida. La incertidumbre abre preguntas, no valida respuestas arbitrarias. Los científicos y la comunidad que divulga ciencia, en general rara vez habla en absolutos y certezas. Más bien tendemos a matizar los comentarios porque la ciencia no lidia en certezas. Por otro lado, aquellos con una agenda o ideología clara sí tienden a hablar con certezas, lo cual, en la mente del público en general, les hace sentir mayor credibilidad. Puedes leer más sobre esto en nuestro artículo sobre el efecto Dunning-Kruger y por qué hay que desconfiar de aquellos que sólo hablan con certezas poco matizadas.
Cuando alguien usa la ignorancia como prueba de su afirmación, la respuesta más poderosa es devolverles la carga de la prueba: “Que no se haya probado lo contrario no es evidencia de que tengas razón. ¿Qué evidencia positiva tienes?”